No puedo explicar con palabras lo que vivi anoche… simplemente, un aluvión de sentimientos indescriptibles… Un show impecable, lleno de emociones, éxtasis, generaciones y generaciones de personas cantando al unísono esas letras que, sólo un poeta fértil como él, puede escribir e interpretar… Excelente el repertorio, excelente Andrelo… Excelente todo… Concluyendo… Un Andrelo tomando mates, casi de entrecasa… no tiene precio…!!! GRACIAS ANDRÉS POR TU ARTE……!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Acá dejo una nota extraída de www.cordoba.net que describe, casi a la perfección todo lo que pasó en el Orfeo, convertido anoche, en un Paraiso…
Andrés Calamaro está en “su” momento y se le nota. Cualquiera que lo haya visto en el escenario del Orfeo anoche, frente a las diez mil personas que gozaron con él (y aquí no hay metáfora, el clima era de éxtasis) podría asegurar que lo que bajaba hacia el público no era otra cosa que la felicidad de un artista en plenitud.
Entero, festivo, cordial, afinado cuando hizo falta y gritando hasta desgañitarse cuidadosamente si se le ocurría que la canción y el momento se lo pedían, así se lo vio. Con una banda que lo acompaña descerrajando versiones poderosas y al palo de temas que pueden ser viejos o nuevos, pero que tienen la virtud de sonar siempre familiares.
Sucede que, entre otras cosas, Calamaro encontró la manera de escribir canciones que
van a la médula de la lengua popular, del inconsciente colectivo, al punto de que es difícil hablar de su “nuevo disco” ¿Cuánto hace que lo publicó? Poco más de dos meses, tiempo suficiente para que un domo repleto de sus incondicionales coree las letras cual clásicos de toda la vida. Un lujo que ciertamente muy pocos habitantes del rockstar system vernáculo pueden darse.
El crédito del que goza hoy le permite incluso traer de España a una banda completamente desconocida por estas pampas como Fito y Fitipaldis de teloneros, a sabiendas de que lo que él decida será respetado por unos fans que lejos de demostrar impaciencia, los harán sentir como en casa.
Así, con la agrupación liderada por Fito Cabrales y con inglesa puntualidad, a las 21.30 arrancaba el show de anoche. El cantante de la boina, en formación de dos guitarras, bajo y batería, entregó una muestra del rock ibérico prolijo y bien tocado que le valió haber vendido más de un millón de copias de sus discos.
Del último de ellos, Por la boca vive el pez, sonaron Viene y va, Donde todo empieza, Me equivocaría otra vez, Como pollo sin cabeza y Acabo de llegar, que recibieron como recompensa algo más que respetuosos aplausos: el “Olé, olé, olé, olé, Fito, Fito”, subió desde la pista. Los amigos de mis amigos…
Los exactos 45 minutos que duró lo del bilbaíno fueron una buena entrada en calor y sirvieron para que los pocos asientos y espacios de campo que quedaban libres se terminaran de ocupar cuando ya no faltaba nada para las 22.30.
Entonces salió Calamaro y superado el instante de ovación abrió con El salmón, con los arreglos de la versión de su amigo Indio Solari, seguido de Los chicos, Tuyo siempre, Mi gin tonic, Ok perdón, Todo lo demás y Te quiero igual (smasheado hacia el final con el “everything is gonna be alright” de Bob Marley en No woman no cry).
Las canciones caían una tras otra, sin respiro y con sólo un par de “Muchas gracias Córdoba, buenas noches” en el medio, mientras allá abajo, en la pista, la marea humana saltaba, bailaba y se movía al ritmo de cada verso y cada gesto de un Calamaro activo, que iba desde la guitarra a los teclados sin demasiadas intenciones de bajar el ritmo.
El respaldo de la banda se hacía notar en versiones bien arriba y bastante más guitarreras que las originales. Diego Gallardo y Julián Kanevsky en guitarras, Tito Davila en teclados, sumados a los coros de Daniel Suarez y la sección rítmica que el Salmón comparte con los Fitipaldi (el bajista Candy “Caramelo” Avello y el baterista José “Niño” Bruno), se las arreglaron para sonar más fuerte que el –por momentos ensordecedor (no sé por qué me siento tocada, el relator debe haber estado al lado mio jaja)– acompañamiento de diez mil gargantas.
Días distintos, Lo que no existe más (rescatado del box set quíntuple de El salmón), más una endemoniadamente rocanrolera Crucificame darían paso al segmento más tranquilo de la noche, que el cantante encaró secándose el sudor con una toalla y cebándose un par de mates, ahí nomás, sobre el escenario.
Así entregó Soy tuyo, Los aviones, el tango Los mareados (actuado y por momentos imitando al Polaco Goyeneche), y un Estadio Azteca en versión para Fito Cabrales, luces de celulares y coro multitudinario.
“Quiero darles un abrazo, beso, agradecimiento o lo que corresponda por la calidad y calidez brindada a Fito y Fitipaldis”, dijo Calamaro a modo de intro de A los ojos, seguido de Loco y un emocionante Crímenes perfectos.
Más mate y más palabras. “Este es el momento, idóneo, preciso, adecuado, exacto y cordobés para compartir algo de Elmore James, precursor de la guitarra con slide”, comentó como si nada antes de arrancar con un cover extendido de Madison Blues que sirvió para presentar cantando y con solos a los integrantes de la banda. Calamaro pudo además demostrar que si quiere, también puede ser un showman y pedir “arriba las manos para aplaudir a…”
La recta final empezaría a avizorarse con Sexy y barrigón (“ser barrigón puede ser una carga, pero ser sexy también porque te encasillan” bromeó Andrés), 5 Minutos más (minibar), Horarios esclavos, Canal 69 y la apoteosis pre-bises con Paloma.
Aplausos y más aplausos antes de lo último que ofrecería el show, ya con Cabrales y su banda sumada al festejo. Me arde, Quiero ser una estrella (de Fito Cabrales), Alta suciedad y Flaca cerraron la casi treintena de canciones en dos horas exactas de un recital de excelente factura también en lo sonoro y la puesta en escena, con luces y pantallas gigantes a la altura de las circunstancias.
Quedó claro que lo de La lengua…era solamente una excusa: el balance arroja que hubo seis tracks del nuevo disco, pero también seis de El salmón, seis de Alta suciedad, dos o tres de Honestidad brutal, un toque de El cantante y hasta recuerdos de Los Rodríguez.
Aunque no hace falta aclarar que para quienes presenciaron uno de los mejores shows de rock nacional del año en Córdoba, se trata de un detalle menor.
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